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January 12 2009Cada vez tardo más en escribir aquí, Facebook no ayuda, pero esta abandonada Haima necesita un repaso.
Este fin de semana ha destacado por el rechazo a la agresión salvaje que el estado de Israel está infringiendo a Gaza. Millares de barceloneses salimos a la calle para manifestarlo, reviviendo momentos de solidaridad colectiva como los vividos en las manifestaciones contra la guerra de Irak. A pesar del drama que Gaza sufre, sigue siendo satisfactorio ver que el ser humano, al menos muchos de ellos, en los momentos que su respuesta es imprescindible reaccionan con la presencia.
En el otro ámbito, el menor, el del pasatiempo que me ocupa todo, ayer debuté en pista cubierta y no acabé.
Salí en un 400, mis ganas de hacerlo estaban coartadas al sentirme desplazado en un mundo de muy jóvenes. Aún así, ya que estaba, me dispuse a hacerlo lo mejor posible. Empezó a torcerse la cosa cuando el juez de salidas adelantó el horario anti-reglamentariamente, yo aun no me había puesto las zapatillas de clavos y ya estaban corriendo la primera serie. Me las puse con dificultades, me cuesta cerrar la cremallera porque tiene roto el tirador, y me dispuse a salir. Lo hacía en la cuarta serie por la calle 6. El juez de salida volvió a dar muestras de su desconocimiento del reglamento cuando, por dos veces ya que hubo una salida nula, llamó A SUS PUESTOS con un atleta por delante de la línea de salida, debía haber ordenado previamente que nos situaramos todos por detras de los tacos de salida. Finalmente, la dió, salí, como he dicho antes, por la calle exterior, la 6, y en el primer apoyo noté una extraña contractura en el cuadriceps derecho a la que no di más importancia, regulé mi ritmo y, lo primero que noté fue que el pantalón me iba demasiado holgado por la entrepierna, me sentí durante los primeros 100 metros como aquellas chicas que se pasaban la carrera sacándose el body de la raja del culo. En mi caso, por delante. Decidí armarme de coraje y seguir fuese como fuese, mi sensación al primer paso por la recta de meta era de que llevaba todos mis atributos masculinos al descubierto, como aquella famosa imagen de Butragueño, confié que así no fuese y empecé la segunda (y última) vuelta, a todo esto me había desentendido de la carrera y todos mis rivales iban metros delante mío, el ritmo que llevaba era el adecuado, al menos iba suelto, y al volver a entrar en contrameta me fijé en los dos que me precedían y pensé que podría alcanzarlos con cierta facilidad. En ese momento recordé mi paso anterior por la recta de llegada. La posibilidad de disputar un sprint con otros dos con unos pendientes, habitualmente ocultos, visibilizados por todo el público frenaron mis ímpetus y... no pude evitar pararme en seco.
Nadie entendió mi retirada hasta que no les expliqué lo sucedido, luego todo fue reírse de mi vivencia. El camino de vuelta estuvo acompañado de varias llamadas telefónicas en las que mis acompañantes relataban el suceso y pensé, ¡publícalo!, porque los que no han tenido la suerte de ser los elegidos telefónicos también tienen derecho a enterarse.
PD: afortunadamente no tengo fotos con las que acompañar este relato. Comments (4)
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